Mi vida está tan fraccionada, tan dividida en
varias partes. Y no quiero decir en etapas, en edades, vengo a referirme más al
comportamiento, a facetas.
Nadie, o casi nadie, llega a caerme del todo
bien. Y no sé por qué, es decir, sí, porque a todos les encuentro algo por lo
que no pueden caerme bien.
No pienses mal, caerme bien no es un privilegio,
simplemente es extraño, mucho.
El caso es que a pesar de esto, consigo
relacionarme aceptablemente e incluso parece que logro caer yo bien a los
demás, que incluso aparento ser agradable, mientras soy todo lo contrario a
eso.
Aunque soy de esta manera, cuando estoy con
gente, podría decirse que estoy mejor.
No lo tomo tampoco como algo positivo ya que
considero que es por miedo a mostrarme como soy, o como estoy, realmente. Y es
algo que ya tengo como innato.
Todo esto cambia nada más alejarme de la
multitud. Me evado en mi música, en mi mundo, en mis pensamientos.
A veces, por no decir siempre, prefiero estar en
el instituto a estar en casa.
En ella vuelvo a mi caos personal, a eso que intento
destruir. Jocoso intentar acabar con lo que tú mismo has construido.
Incontables se han hecho los días en los que solo
espero que pasen las horas para irme a dormir, despertarme e irme a clase. Sí,
suena a broma, a que exagero, pero es que es así.
Esto no significa que adore que me suene la
alarma a las siete de la mañana y me encante estar 6 horas delante de una
pizarra. Es simplemente que siento esa necesidad de distracción.
En ocasiones me siento algo egoísta,
inconformista más bien, porque no me siento a gusto con nada ni con nadie
(salvo con un pequeño gran matiz), a la vez que pienso que es que tampoco
merezco tanto la pena como para recibir algo mejor.
Sí, sé que esto no es nada nuevo y muchos se
sienten así. No vengo a presentarme como una persona extravagante y original.
Soy una más, y punto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario