jueves, 6 de marzo de 2014

365 días.

Me he estancado, creo.

No sé en qué estación me hallo.
Me gustaría que floreciese mi ilusión,
sacar esa carente calidez,
que se marchitasen mis problemas
y sustituir estas tormentas por suaves nevadas.

Y me doy cuenta de que ahora mismo
mis mariposas se deben al miedo,
intentando ser templada acabo sofocando,
que aquí lo único que caen son las ganas
y que ya ni el hielo es más frío que yo.

Y es que tal vez viva en un contínuo invierno
mientras finjo ser dura soportando
este tiempo glacial y refugiándome en mantas
cuando nadie me ve para que estos músculos
agarrotados, para que esta sonrisa mentirosa
ya inmóvil de tanta frigidez y falsedad afloje
y mis lágrimas fluyan de esos disfrazados carámbanos
cuyo fin es convertirse en granizo
logrando -con suerte-
que a la mañana siguiente solo queden las cenizas
de la escarcha.

Que vivo tratando de apagar el fuego con gasolina
y regando la felicidad con agua salada.

Tengo 365 días para situarme, para encontrarme.
O menos, o más.


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